Y la casa grande rodeada
de su
Innato ambiente, en
medio de la
Nada se vino hacia mi
cabeza
Y lo acogió mi
pensamiento.
Todo de golpe inspiro a
mi pecho.
Con el suave soplo de tu
voz
Susurrándome al oído la
imagen
De tu sueño.
De tejas rojas, lo que ahora es el
Color del polvo, lo que antes
Fueron rojas como el rojo color de tus
Ambos labios. De anchas puertas
Esperando el retorno de tus seguros logros.
De semejante rojo, pero tono diferente.
Más dulce, como el timbre
De tu voz contándome estas historias.
Y las imponentes
ventanas uno al lado
De otra, las dos juntas
a los costados de la
Puerta como
observándote, observando tu
Marcha y el pisar de tus
zapatos levantando
El polvo, con los mismos
pasos que levanta
En mi pecho el bombeo de
mi corazón cada
Vez que te amo.
Todo en su conjunto a la
sombra de un
Eterno pino observador
privilegiado.
Que alguna vez humedeció
tu rostro
En el largo beso de que
solo es capaz
De ofrecer un árbol, su
fría sombra.
El ancho polvo dibuja
las texturas
Sobre el lienzo
blanquecino de la tierra,
Donde antes una niña a merced del árbol,
Aprovechaba la sombra,
como aprovecho yo
Cada instante de tu
tiempo. Arrebatando
Hasta el mínimo
rango que es capaz
De estirarse el mismo.
Niño de anchas
vestiduras y colores floridos
Digno personaje de un
cuadro fabuloso,
Que dibujo en mi cabeza
en este instante,
Tú solo imaginando
a uno yo soñando
Diez de los mismos.
Con el alto molino dando
a sus espaldas
Alfil temerario que
amenaza con detenerse
Cual tiempo
indescifrable. Con las agujas
De norte a sur, girando
al ritmo del viento
Levantando las hojas
secas desprendidas
Del pasado, irán a
derretirse y convertirse en polvo
Como un recuerdo pasado,
inspirado
En tu imaginación. Ahora ya todo escrito.